El tenso equilibrio entre dirigir, poner límites y dar autonomía

Escuela Europea de Gerencia

Autor:  Sharon Manno, Presidente de la Escuela Europea de Gerencia


Como padres y como profesionales nos debatimos con frecuencia sobre cuál será el estilo de liderazgo adecuado en cada circunstancia.

La teoría de Ken Blanchard y Paul Hersey sobre liderazgo situacional nos dio mucha luz cuando se suponía que simplificaba las cosas: el estilo liderazgo se debe adaptar a las personas y las circunstancias.

Realmente no es tan sencillo, pero, en pocas palabras, hay dos factores relevantes a tomar en cuenta: niveles de competencia técnica/profesional (conocimiento de la tarea) y niveles de motivación, confianza y compromiso.

De acuerdo con Blanchard y Hersey, los cuatro estilos principales de liderazgo se pasean entre: directivo, de supervisión, de apoyo y de delegación. Y todo depende del otro. Pero esto implica que nosotros, como líderes -y como padres- tenemos que ser un camaleón y adaptar nuestro estilo de comunicación, gestión y seguimiento según la ocasión. Estoy de acuerdo con eso, pero es retador.

Ken Blanchard y Paul Hersey: Modelo liderazgo situacional

Ken Blanchard y Paul Hersey: Modelo liderazgo situacional


En el colegio, iniciamos un club de lectura para discutir “El regalo del fracaso, de Jessica Lay”. He tenido interesantes reflexiones y conversaciones profundas.

Nuestros hijos, así como los “millennials” en el trabajo, aspiran más autonomía, empoderamiento y libertad. En ocasiones, requieren dirección, guía clara y límites. Tener un enfoque de desarrollo o mentalidad de crecimiento implica evaluar de manera objetiva las habilidades actuales, identificar la transición o el objetivo de la tarea a realizar y determinar juntos cómo el otro puede asumir más responsabilidades o tomar decisiones por su cuenta.

Tanto padres como líderes tenemos una misión clara: desarrollar la autoeficacia y autonomía de nuestros hijos, y de nuestro equipo, con un estilo de liderazgo que brinde oportunidades para aprender, intentar, errar, y poco a poco desarrollar sus habilidades, proceso de toma de decisión y resiliencia.

Algunas preguntas que pueden guiar la reflexión:

  • ¿Qué tipo de motivadores uso y por qué?
  • ¿Cómo puedo impulsar la motivación “intrínseca”?
  • ¿Qué ocurre o podría ocurrir cuando delego o doy autonomía sin límites?
  • ¿Cómo modelo una respuesta positiva ante el fracaso o el error? ¿Cómo hablo sobre esto? ¿Aprovecho las oportunidades que se presentan?
  • ¿Cómo puedo diseñar metas atractivas y realistas?

Mientras más autonomía damos, mayor será la competencia y mejores los resultados.

Consideraciones importantes para determinar estilos de liderazgo, límites y autonomía:

  1. Examinar los riesgos o consecuencias negativas de algunas actividades.
  2. Identificar actividades o funciones en las que podamos dar más autonomía y el otro pueda desarrollar la proactividad, la iniciativa y la creatividad. La clave es dejar más espacio para que ellos descubran la forma más efectiva de lograr algo.
  3. Hacer preguntas, acompañar, observar, y así comprender cómo piensa el otro. No podemos suponer nada ni creer que la “lógica y el sentido común” es común para todos.
  4. Solicitar reflexión e introspección después de realizada una actividad. Ofrecer nuestra propia mirada o perspectiva respecto a qué y cómo se desarrolló la actividad.
  5. El estilo directivo de liderazgo es necesario cuando el otro no tiene ni las competencias ni la autoconfianza o motivación para realizar la tarea. Definir reglas de juego, responsabilidades, resultados deseados y formas de hacer las cosas, no tiene por qué ser visto como algo negativo. En ciertos contextos, este estilo brinda seguridad, confianza y un espacio para probar y avanzar.
  6. Observar, escuchar, preguntar e identificar cómo se siente el otro. Es importante mantener la apertura, la vulnerabilidad y la transparencia para que el proceso de crecimiento continúe. Como líderes, nuestro rol es invertir en el éxito y crecimiento de los demás y propiciar la curiosidad en un ambiente seguro. La empatía es fundamental, pero también es necesaria la firmeza y la sensatez.
  7. Mantener la serenidad en momentos de dificultad. Soltar la necesidad de control, perfección o ego, y ponerse al servicio de los demás.

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