Plan Estratégico y la Ley de la Navegación

Escuela Europea de Gerencia

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Fecha del Post:

4 de abril de 2022

Por: María Eugenia Urriuta

En estos días he estado reflexionando sobre la importancia de una efectiva planificación estratégica, bien diseñada, bien guiada, abrazada y comprendida por todo el equipo, esto lo hacía mientras leía “Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo” de John Maxwell. A la par, muchas empresas han iniciado sus ejercicios de planificación estratégica.

Al leer la Ley de la Navegación, John Maxwell nos muestra magistralmente la importancia de tener un objetivo claro y hacer una planificación consciente. Nos presenta a Amundsen y a Scott, dos líderes que desean llegar al mismo punto, el Polo Sur, desarrollando una competencia para ver quién llega primero. Aquí observamos distintas estrategias para una misma meta. Amundsen se prepara investigando la zona, planifica cada detalle, evalúa pros y contras, es consciente de sus recursos y sus capacidades, establece un plan de contingencia y diseña un plan minucioso, tratando de cubrir cada aspecto. Por otro lado, Scott no profundiza tanto, su planificación es superficial, sin mucho detalle, no evalúa los factores críticos de éxito, no tiene un plan de contingencia, viaja con recursos limitados, deja algunas cosas a la suerte… ¿El resultado? Amundsen no solo llega primero, sino que con su equipo completo y sin mayores percances. Por el contrario, Scott llega un mes después y al final todos fallecen… Reflexión: la investigación, documentación, conocimiento de las fortalezas y debilidades, de los recursos con los que se cuenta, conocer el terreno por el cual andar, comunicar claramente el objetivo, asignar metas claras al equipo, además de mantener un constante seguimiento del plan trazado y la importancia de hacer ajustes conscientes a ese plan, si se necesitara, entre otros aspectos, puede hacer la diferencia en la forma de cumplir los objetivos y llegar a la meta. En esta ley vemos dos caras de la moneda para llegar a un punto y cumplir con el plan de navegación diseñado por el líder. Al final, un mismo objetivo con resultados muy diferentes, uno totalmente exitoso y otro catastrófico.

En el Polo Sur, diciembre de 1911

Foto: Wikipedia, Miembros de la expedición al Polo Sur de Roald Amundsen 1910-12 en el mismo polo, diciembre de 1911 (de izquierda a derecha): Roald Amundsen, Helmer Hanssen, Sverre Hassel y Oscar Wisting

Para mí, esto es la planificación estratégica: nuestro plan de vuelo o nuestra ruta de navegación, en el que los indicadores son los instrumentos que nos van mostrando cómo vamos, si nos estamos desviando del camino o si algún recurso está fallando, dónde debemos hacer los ajustes; en fin, nos dice cómo va la navegación. Mientras que las iniciativas y/o proyectos identificados en cada perspectiva son las acciones y el camino a recorrer para llegar a la meta. Es verdad que el capitán no navega solo, necesita un equipo que pueda apoyarlo, pero también es cierto que el equipo debe conocer de mano del capitán lo que se espera de ellos. Para esto, es necesario tener un objetivo claro, conocer los recursos con los que contamos, sus fortalezas y debilidades, comunicación efectiva de las metas y resultados esperados, enfoque, manejo de prioridades, en fin, un plan de navegación efectivo para que no nos pase como al Titanic, ni como a “Scott”. Citando a Stephen Covey: “Los seguidores necesitan líderes que puedan navegar, guiar efectivamente con ellos”.

Ahora bien, partiendo del Hábito 2 de “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, de Covey, “Comenzar con un fin en mente”, el ejercicio de planificación estratégica debería entonces comenzar el año anterior, de manera de iniciar el nuevo ejercicio con “un fin en mente” y que toda la tripulación conozca y sea partícipe del plan de navegación construido en equipo, conociendo cada uno su rol y su contribución para llevar a buen puerto el barco que conduce el líder.

¿Qué pasa cuando conocemos la meta o el objetivo, pero desconocemos el camino, no somos conscientes de las debilidades, no llevamos un buen equipo, no comunicamos bien o el equipo no entiende su papel o su contribución, tenemos tantas ideas, tantos deseos y tantos caminos por recorrer y no nos enfocamos en la ruta?… Podemos terminar como Scott.

¿Qué pasa si no comenzamos con un fin en mente? Es posible que logremos el objetivo, pero, ¿a qué costo? O quizás tengamos suerte, pero, ¿y el aprendizaje, el crecimiento, el liderazgo? O no aprovechamos el tiempo efectivamente y nos quedamos rezagados o desplazados, por no poder ver la cresta de la ola oportunamente y no estar preparados para surfearla y aprovechar sus bondades o evitar los embates… “Si el líder no puede navegar guiando a su gente a través de aguas turbulentas, puede hundir la nave” John Maxwell.

Mejor seamos como Amundsen y tratemos nuestro plan con mucho esmero y comencemos con un fin en mente.

“Los navegantes de primera categoría siempre tienen presente que otras personas dependen de ellos y de su capacidad de trazar un buen rumbo.” John Maxwell.

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